-Señor Azorín - me dice - yo he compuesto un himno a Cervantes para que sea cantado en su centenario... - Perfectamente, don Bernardo - contesto yo. -¿Qiuiere usted oírlo, señor Azorín?- torna él a decirme. -Con mucho gusto, don Bernardo. -Vuelvo yo a contestarle. Y don Bernardo tose un poco, vuelve a toser y comienza a cantar en voz baja, mientras el coche da unos zarandeos terribles: - Gloria, gloria cantad a Cervantes, creador del Quijote inmortal... - Señor Azorín, ya vamos a llegar, - me dice don León - falta una legua. Y pasa un breve minuto en silencio. Don Bernardo inclina la cabeza hacia mí y me susurra en voz queda: - Este himno lo he compuesto para que se cante en el centenario del Quijote. ¿Ha reparado usted en la letra? Señor Azorín, ¿no podría decirme usted de él dos palabras? - ¡Hombre, don Bernardo! - exclamo yo - No necesita usted hacerme esta recomendación; para mí es un deber de patriotismo el hablar de ese himno. ... -Ya vamos a llegar - repite don León. -Ahoa, cuando lleguemos, - añade don Bernardo - tocaremos el himno en el armonium de la ermita... ... Ya don Bernardo, este hombre terrible y amable, nos lleva a todos a la ermita, abre el armonium, arranca de él unos arpegios plañideros y comienza a gritar: Gloria, gloria, cantad a Cervantes, creador del Quijote inmortal. De "La ruta de don Quijote" de José Martínez Ruiz "Azorín".