EL AGUADOR Es un cuadro del Velázquez joven que se inicia en el taller y consigue rápidamente con gran maestría dominar el natural, lograr la representación del relieve y de las calidades mediante el empleo del tenebrismo, fuerte luz que, dirigida, acentúa los volúmenes y singulariza las cosas más vulgares. El cuadro "de género" de procedencia flamenca con sus tipos vulgares y objetos cotidianos era un excelente banco de pruebas. Velázquez conservó consigo algunos de estos cuadros, como el de "EL AGUADOR" y los llevó a Madrid como prueba de su maestría.