De pie y con los brazos bien abiertos y extendida la diestra a no secarse, haznos cruzar la vida pedregosa -repecho de Calvario- sostenidos del deber por los clavos, y muramos de pie, cual Tú, y abiertos bien los brazos,, y como Tú, subamos a la gloria de pie, para que Dios de pie nos hable y con los brazos extendidos. ¡Dame Señor, que cuando al fin vaya rendido a salir de esta noche tenebrosa en que soñando el corazón se acorcha, me entre en el claro día que no acaba, fijos mis ojos de tu blanco cuerpo, Hijo del Hombre, Humanidad completa, en la increada luz que nunca muere; ¡mis ojos fijos en tus ojos, Cristo, mi mirada anegada en Ti, Señor!CORONACIÓN DE ESPINAS de TIÉPOLO
EL GRECO
FLAGELACIÓN de ALONSO CANOORACIÓN EN EL HUERTO de GIACOMO GIAQUINTO